Honramos nuestras raíces milenarias y el legado imborrable del cacique Lempira, cuyo valor define la soberanía y la identidad cultural que vive con orgullo en el corazón de nuestra institución.
Cada 20 de julio, Honduras se paraliza para rendir homenaje a la figura de nuestro gran héroe nacional, el cacique Lempira. Esta magna festividad celebra el coraje indomable de los pueblos originarios frente a la colonización extranjera. La conmemoración evoca la célebre gesta histórica ocurrida en el cerro Congolón, donde el líder lenca defendió con su vida el territorio, sembrando para siempre los cimientos de la dignidad, el honor y la resistencia soberana de nuestra patria centroamericana.
En nuestra institución, el fervor cultural se vive al máximo a través de una vibrante e intensa competencia cívica. Los estudiantes se preparan con esmero para calificar no solo el diseño de sus trajes, sino también el poder de sus barras estudiantiles. Los gritos de apoyo, las consignas creativas y la euforia de los alumnos juegan un papel crucial en las decisiones de los jueces. Asimismo, se evalúa con lupa la oratoria, el desenvolvimiento escénico y la elocuencia de los participantes al defender su herencia ante el público.
El punto culminante del evento es la majestuosa pasarela de las Indias Bonitas, una gala donde la elegancia autóctona se toma el escenario principal. Las candidatas desfilan modelando piezas únicas que narran la historia de nuestra cultura. Durante su presentación, cada participante se encarga de detallar minuciosamente la inspiración detrás de su vestimenta, explicando el significado mitológico o histórico de sus atuendos y rescatando las costumbres ancestrales del pueblo catracho ante toda la comunidad educativa.
Las tradicionales champas llenan de color los rincones del colegio, compitiendo fuertemente por ganarse los premios a la mejor decoración y autenticidad folclórica. Este día se transforma en un verdadero festival gastronómico donde se comercializan exquisitos platillos y bebidas ancestrales de Honduras. Los stands deleitan a los asistentes con la venta de la refrescante chicha, sabrosos tamales, deliciosas catrachas cargadas de frijoles y queso, y las infaltables baleadas con tortillas de harina recién hechas, entre otras delicias típicas.
La suntuosidad de los atuendos radica en sus espectaculares accesorios ceremoniales. Los trajes suelen coronarse con imponentes penachos colmados de plumas coloridas, acompañados por vistosas capas tejidas a mano y collares elaborados con semillas artesanales. Un elemento distintivo fundamental son los elegantes cetros ceremoniales (o bastones de mando) que las Indias portan con gran orgullo en sus manos; estas piezas sagradas simbolizan el liderazgo, la autoridad y el carácter guerrero de la cultura nativa.
Cada uno de los vestidos es una obra de arte confeccionada enteramente con elementos de la naturaleza y el sector agrícola nacional. Las telas se sustituyen creativamente por hojas secas de tusa, mientras que los decorados cobran vida gracias a la meticulosa aplicación de granos básicos como el maíz, los frijoles negros y rojos, y el arroz. La combinación se enriquece con semillas silvestres, texturas de cortezas de árboles, mecates de yute y pinceladas de pintura acrílica que resaltan los grabados mayas y lencas, demostrando el ingenio desbordante de nuestra juventud.